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Descubre las prácticas para comercializar en papel, y de forma inteligente, una obra autopublicada

Si uno lo mira con detenimiento, verá conexiones innegables entre la autopublicación y la impresión de libros bajo demanda. Al final, se intuye, autopublicar y autoeditar son a la impresión bajo demanda como dos moléculas previas en una cadena de ADN. Unas ubicadas más adelante y otras más atrás, pero todas formando parte del mismo genoma.
La impresión de libros bajo demanda equivale al poder de decisión sobre el stock –en este caso por la ausencia de inventario y almacenamiento en sí mismos– de tu libro. Ese libro soñado del que ya hablamos en otra ocasión cuando te detallábamos qué son y en qué consisten la autopublicación y autoedición. Ese libro en el que trabajaste tan duro, de forma independiente, hasta que por fin lo viste terminado.
En líneas sucesivas de este artículo podrás conocer más en profundidad el concepto de impresión bajo demanda. También algunos de los aspectos más a tener en cuenta de este proceso, que te permitirá ver tu libro en papel y poder hacerle un hueco en tu estantería (y la de quienes tú quieras o así lo deseen).

Print on Demand, el concepto

La impresión de libros bajo demanda, en su versión estricta, es una práctica posterior a la autopublicación consistente en la producción en papel de cuantos ejemplares sean solicitados de una obra. Es decir, un proceso que posibilita a autores independientes comercializar sus propios libros impresos sin atender a expectativas de venta previas.
El término es igualmente conocido en su equivalente inglés Print on Demand (POD). El elemento central de esta práctica, muy en auge en los últimos años, es que cada libro solo se imprime siempre y cuando exista una orden previa de compra de un cliente.
Por eso se la conoce como ‘bajo demanda’. En el caso de que un autor independiente no venda ninguna de sus obras –sea por falta de visibilidad, promoción u otros factores–, éstas no serán impresas. Este proceso plantea cuestiones muy interesantes, aunque desde un punto de vista general se puede considerar inteligente.
Tanto vendo, tanto imprimo. Si no vendo, no imprimo, y así disminuyo costes fijos. Porque no hay que olvidar que autopublicar un libro –máxime en papel– bien le puede generar al interesado una carga económica. De esta forma (y aquí no entran los ebooks) una de las características de la impresión bajo demanda bien podría ser su sostenibilidad en términos monetarios y medioambientales.
Es sinónimo de optimización. Le decimos al cliente: «Yo soy escritor y tengo este libro a la venta a este precio. Si estás interesado, te imprimo un ejemplar». A veces, el cliente podrá leer las primeras páginas del libro y valorar si le gusta. Otras, tan solo podrá leer el resumen y, como máximo, reviews de otros compradores.
Es importante dejar claro que el producto (nuestro libro) siempre hay que crearlo. Es decir: redactarlo, desarrollarlo, corregirlo, editarlo, maquetarlo y ofrecerlo al cliente. La clave de esta práctica es que hasta que no se interesen por él los potenciales clientes y decidan comprarlo, nosotros no lo enviaremos a imprenta.
Imprimir bajo demanda 1:1 implica que, una vez autopublicado nuestro libro, lo ponemos a la venta en una plataforma de distribución o comercio electrónico donde los clientes pueden acceder a él. Y solo cuando un ejemplar es comprado por alguien, el distribuidor tramita la orden de impresión para proceder al envío. Este sistema de venta necesita de una infraestructura y logística tan costosa de crear y mantener que, a día de hoy y en la práctica real queda en manos de un gigante al que nadie puede hacerle la competencia. Es verdad que podemos encontrar otras alternativas para la impresión 1:1 pero es difícil que alguna de ellas llegue a colmar las expectativas que un autor, por muy amateur que sea, tiene en cuanto a costes y/o condiciones.
Por tanto, si lo que te interesa, más que olvidarte del stock, es tener el control sobre él, hay otras opciones.

Las tiradas cortas

A la impresión bajo demanda clásica, de la que ya hemos hablado, también se la conoce como impresión 1:1. Vendo uno, imprimo uno. No obstante, existe otra alternativa a las grandes ediciones que va de la mano del POD y conviene mencionar aunque no sean lo mismo: la impresión de pequeñas ediciones muy controladas o tirada corta.
En sistemas tradicionales resulta plausible encargar un número considerablemente alto de ejemplares a imprenta. En el mundo editorial esa producción funciona por ediciones mientras que en prensa funciona por tiradas. Si una edición tiene éxito, se encarga otra y comienza de nuevo el proceso de riesgo (produzco e imprimo ‘X’ esperando vender ‘X’ sin forma de garantizarlo).
Todos esos ejemplares producidos en cada edición son puestos a la venta, y los que aún no se han vendido –a menudo bastantes– pasan a engrosar el stock. Éste no es más que el número de obras almacenadas en un punto de distribución esperando a ser compradas. Y cogiendo polvo, tal vez, lo que no deja de ser el destino más dramático de todo libro.
Si bien es cierto que los libros en papel no son productos perecederos, también lo es que su impresión supone una inversión previa. En las editoriales tradicionales, el riesgo de imprimir ediciones muy numerosas y luego no venderlas corre de parte de la empresa.
Pero en la práctica de la autopublicación, ese riesgo y esa inversión recaen en el autor o interesado. Por ello, la impresión bajo demanda se torna una excelente alternativa para minimizar la incertidumbre y maximizar el rendimiento de una producción.
Y eso es así tanto en el POD estricto (impresión bajo demanda, únicamente cuando hay orden de compra de un ejemplar) como en su variante de tirada corta. Seguramente te estés preguntando qué es la tirada corta. Se trata de un sistema de impresión en el cual el autor decide cuántos ejemplares imprime. Ese número de ejemplares no es alto.
Esta variante, tan vinculada a la impresión bajo demanda, permite generar un stock muy pequeño y manejable. Le da al autor independiente la posibilidad de vender obras que ya pudiera tener apalabradas y dejar un remanente para posibles nuevos clientes sin correr un gran riesgo con ediciones desmesuradas.
Un ejemplo de tirada corta, como ofrecemos en JMD Ediciones, es el encargo (una vez autopublicado un libro) de paquetes cerrados de 10, 25 o 50 ejemplares de la obra.
Una vez vendidos, si se desea, puede encargarse una nueva tirada (el equivalente a una segunda edición).
Por supuesto, también pueden encargarse 100, 200 o 300 ejemplares, aunque entonces no estaríamos hablando de impresión bajo demanda puesto que solo se considera como tal si está por debajo de 100. Además, a mayor número de ejemplares más riesgo existe.

Aspectos de interés y legislación en España

Centrémonos ahora en aspectos de interés relacionados con el encargo de tiradas cortas, lo que incluye unas breves pinceladas sobre la legislación española al respecto. Como ya hemos aclarado antes, la tirada corta no es estrictamente impresión bajo demanda y sí un sistema a medio camino entre el tradicional y el Print on Demand, que te permite controlar la inversión y el stock.
Por eso, por estar a caballo entre ambos extremos, la tirada corta es una alternativa muy escogida por autores independientes. En JMD Ediciones, como empresa que somos del mundo editorial con ese servicio en nuestro catálogo, damos fe de ello. Y como medio de impresión en auge que es, debes conocer cierto asunto legal al respecto.
La Ley 23/2011 de Depósito Legal, destinada a preservar el patrimonio «de las culturas de España», fija en su artículo 5.G. la no obligatoriedad de incluir en el depósito legal las «publicaciones de impresión bajo demanda».
Es decir, las obras consideradas de impresión bajo demanda –generalmente autoeditadas y/o de autores independientes– no tienen por qué ser registradas en el depósito legal. No obstante, tres años después de la entrada en vigor de la ley, se estableció que ese punto solo es aplicable a obras de las que se hayan imprimido menos de 100 ejemplares.
Así, hoy en día puede deducirse, de lo determinado por la legislación española, que se considera impresión bajo demanda cuando se imprimen menos de 100 ejemplares por obra, lo cual marca un umbral bastante claro que además refuerza la mencionada cercanía entre los conceptos de impresión bajo demanda pura y la tirada corta.
A pesar de ello, aún existe cierto ‘vacío legal’ al respecto. Según la nota publicada por la Biblioteca Nacional de España (BNE) en 2015 informando de dicha determinación, se solicitó a los editores el depósito legal de aquellas obras que alcanzasen la impresión de 100 ejemplares «siempre que su contenido no responda solo a un interés meramente personal o familiar».
Con lo cual, si eres un autor independiente y estás pensando en autopublicar y acogerte al sistema de tirada corta –como el que ofrecemos en JMD Ediciones–, debes saber que no estás obligado a depositar legalmente tu obra si mandas imprimir menos de 100 ejemplares o si encargas más de 100 pero tu obra posee estricto interés personal.

Breve recapitulación

A modo de conclusión, debemos decir que tanto si optas por el sistema 1:1, idóneo para autores cuyo capital les impide ir más allá, como si lo haces por la tirada corta, publicar en papel hoy es posible. Si amas la escritura, te atrae el soporte tradicional y estás abierto a nuevos horizontes, tienes opciones que barajar.
Vale la pena señalar que la impresión bajo demanda –así como la tirada corta– está aplicando al negocio editorial ciertas técnicas de inteligencia de mercado propias de otros sectores. Así, el producto no se ‘finaliza’ hasta que no esté vendido o bien se mide mucho la producción para sacar el máximo rendimiento con el menor riesgo.
Además, hay quien considera que la impresión bajo demanda ha llegado para salvar al libro en papel ante la avalancha del ebook. Gracias a ella, autores independientes pueden aventurarse a publicar en papel sin miedo a costes exorbitados y en condiciones de calidad, distribución y promoción realmente interesantes. Todo depende de ti.

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